Los Manglares no son árboles, son miles de hombres, mujeres, niños y niñas, ancianas y ancianos a quienes Dios les heredó la tierra; el manglar es una forma de vivir, de cantar y sonreir. (Nelson Estupiñán Bass)

Historia del proceso

LUCHA POR LA SOBREVIVENCIA DEL ECOSISTEMA MANGLAR

 

La historia desde un lugar de Esmeraldas

 

Por: Juan Zambrano y María Augusta Robalino de Fundecol

 

Los ecosistemas albergan flora, fauna, aire, suelo, agua, que se integran en forma armónica en un espacio determinado, con una dinámica que ocasiona interacciones entre los seres que habitan en él, esta es una de las causas que define la importancia de su preservación conjunta. En el ecosistema manglar viven incontables especies, muchas de ellas se alimentan de las hojas del mangle cuando caen y se descomponen, en este ecosistema también se constituyen múltiples procesos; sin embargo, principalmente es fuente de trabajo para muchas comunidades que ancestralmente se han dedicado a la recolección de concha, pesca artesanal, captura de cangrejo, entre otras actividades que permiten garantizar la seguridad alimentaría y el bienestar de las mismas.

 

Mangle Blanco

 

Mangle Botón

 

Mangle Negro

Mangle Rojo

 

El cantón Muisne se encuentra ubicado al sur de la provincia de Esmeraldas, tiene una población de 25.083 habitantes, gran parte de su gente ha vivido en estrecha relación con los recursos naturales, mismos que han sido su fuente de trabajo para su sobre vivencia; es así que hasta los años 80 existían 20.093 has de manglar en el estuario del río Muisne- Cojimíes. La mayoría fueron destruidas para la construcción e implementación de piscinas camaroneras, acabando con miles de especies que en él vivían y afectando a muchas comunidades que habían hecho de aquel su única empresa natural.

 

Mientras en el año de 1969, se construía la primera piscina camaronera en la Provincia de El Oro, el manglar del cantón Muisne con sus grandes ramas y raíces observaba el corretear de los cangrejos, el sonido de las conchas, el saltar de los peces; escuchaba el canto de las aves, el subir y bajar del agua, miraba cómo las manos tiernas de hombres y mujeres se hundían entre sus raíces para coger la concha que en esos momentos había en abundancia, o cómo los niños traviesos corrían detrás de un cangrejo, guariche o tasquero. Luego sin sacar la mirada, divisaba cómo la gente se alejaba en sus canoas sonriendo por la jornada de trabajo, ya que al llegar al pueblo las conchas recogidas y los cangrejos capturados iban a ser vendidos para poder alimentarse, comprar medicinas, cuadernos para la educación de sus hijos o vestimenta. Esto se repetía todos los días, era impresionante ver la riqueza y la vida que ahí existía.

 

Hasta que en los años 80, llega un monstruo criminal, que sin piedad destruyó toda la diversidad, mató a miles y miles de especies, dejó sin trabajo a familias enteras.

Solo se escuchaba el grito y llanto de los manglares pidiendo auxilio, auxilio porque los dientes afilados de las motosierras se hundían entre sus ramas y la pala mecánica de la retroexcavadora entre sus raíces. Al caer los indefensos mangles un escuadrón de personas les daban el golpe final con unos inmensos machetes, sus ramas eran cortadas en pequeños pedazos para posteriormente ser quemadas como si estos desamparados árboles hubieran cometido el peor de los pecados. Los cangrejos y las conchas se miraban el uno al otro para emprender la huida, pero era demasiado tarde porque el calor y las llamas del fuego hacían presa de estas indefensas especies, y con ello se iba acabando con miles de hectáreas de manglar que por décadas permanecieron allí. Cada día se sentía la destrucción con más fuerza, porque desde el muelle se divisaba grandes grupos de personas que eran trasladadas al manglar con machetes, hachas, motosierras y palas para continuar con la destrucción de los manglares.

 

Frente a este crimen contra la VIDA, en el año de 1989 un grupo de jóvenes de la localidad conforman el Comité por la Defensa de los Derechos de Muisne y emprenden una batalla en contra de la tala indiscriminada del manglar. El hecho de que se pretendía construir una piscina camaronera cerca de la Isla, que la dividiría en dos llenó de más fuerza y valor a este grupo de guerreros para luchar por la naturaleza, y comienzan a realizar algunas actividades como denuncias, vigilancias, y recorridos lo que por falta de dinero se hacía por tierra y en muchas ocasiones en canoas.

 

En la misma época un grupo de mujeres de la parroquia de Bolívar y del recinto Bunche se organizaron para unirse a esta lucha, ya que nadie más como ellas sentían en carne propia que el manglar no era solamente un árbol sino la vida entera de estas comunidades.

Agresiones, encarcelamientos, amenazas iban y venían por parte de autoridades, camaroneros y de la misma población, incluso a estos grupos los llamaban locos o atrasa pueblos, pero aquello no fue obstáculo para detenerlos, al contrario les daba más fuerzas, es así que para el año de 1991 este grupo adquiere su vida jurídica, la misma que fue otorgada por el Ministerio de Agricultura y Ganadería y en el año 1999 fue ratificada por el Ministerio del Ambiente, ahí nace la Fundación de Defensa Ecológica - FUNDECOL.

 

Recuperamos los sueños

 

 

Tres cuartas parte de una hectárea de manglar reforestado, como un experimento para determinar si este recurso al ser sembrado por la mano del hombre nacía, marca el inicio de una nueva etapa en defensa de este ecosistema y a partir de aquel momento se inicia la reforestación de manglar como medida para recuperar las áreas taladas y abandonadas por los camaroneros, todas estas reforestaciones se han realizado de manera voluntaria y comunitaria, lo que ha permitido que se hayan reforestado 400 has hasta la actualidad.

 

En esta experiencia comunitaria: la difusión de la problemática del manglar, la concientización ha sido muy importante, porque se ha logrado que cada día se sumen nuevos actores a la causa de defensa de los manglares. Ya en el 1992 se construyó el Balcón del Manglar, para que propios y extraños se informaran de las bondades de este recurso y el porqué debíamos defenderlo. Para el año 1998 la lucha por los manglares ya había atravesado fronteras a nivel nacional e internacional; localmente existían 15 grupos de usuarios del manglar, carboneros, campesinos y grupos culturales que unieron su esfuerzo a FUNDECOL y lograron que este trabajo sea mucho más fuerte.

 

La noticia de que en Muisne se estaba acabando con los manglares llegó a oídos de miembros de la organización internacional GREENPEACE, quienes sin dudarlo brindaron su apoyo a favor de este ecosistema, el 26 de julio de 1998, se escuchaba el ruido de los motores por el río, el sonido de los carros que llegaban a nuevo Muisne con grupos de extranjeros, compañeros de otras provincias y prensa para generar opinión pública; mientras que en el pueblo la gente se organizaba para vivir una de las experiencia que por más que pasen los años sería imposible de olvidar, las lanchas se ubicaban en fila para llevar a la gente que quería justicia a una piscina que se encontraba a pocos metros del pueblo, al llegar al lugar una voz gritó:

 

---- Esta piscina fue construida ilegalmente, por lo que hoy vamos a romper los muros y ha reforestarla!!

 

Al escuchar esto, los presentes se lanzaron contra el muro con palas machetes, y poco a poco iban cayendo pedazos de barro, lo que permitía que el agua estancada en la piscina saliera hacia el río y las especies pudieran recuperar su libertad. Con semilla de mangle en las manos propios y extraños se fueron metiendo al lodo para cumplir con lo establecido, mientras que los mangles que aun permanecían en pie con su voz enmudecida celebraban el acontecimiento y al vaivén del viento con sus inmensas ramas aplaudían a los defensores de la VIDA; al terminar la jornada, por la noche el cielo se iluminó con juegos pirotécnico, mientras que en el río los peces saltaban de alegría al escuchar el sonido del bombo y cununo, los churucos encendidos daban a entender que la noche se iba a ir, pero que aquella quedaría en la memoria de cada una de las personas que defienden los recursos naturales, y que ese día, el 26 de julio, quedaría como el día Internacional por la Defensa del Ecosistema Manglar y como el día de la creación de la Corporación Coordinadora Nacional para la Defensa del Ecosistema Manglar, la misma que estaría orientada a construir una propuesta de gestión comunitaria para defender, recuperar y conservar el ecosistema manglar para garantizar los derechos de las comunidades.

 

La gente se fue apropiando de la lucha, y con marchas y manifestaciones en las ciudades de Esmeraldas y Quito en contra de la tala indiscriminada, y autoridades corruptas; se logró que las 3.173 has que quedaban de manglar, el día 22 de junio del 2003 fueran declaradas como Refugio de Vida Silvestre al Ecosistema del Estuario del Río Muisne, del Sistema Bunche – Cojimíes.

 

Las organizaciones de base y las comunidades de la Provincia de Esmeraldas, permanecen luchando en contra de la destrucción del manglar y contra autoridades corruptas que han permitido que se termine con el 85,4% de este recurso, En la actualidad las comunidades usuarias ancestrales buscan nuevas formas de supervivencia que les permita conservar sus recursos y su cultura. Se continúa de pie buscado nuevas fuentes de trabajo para paliar en algo sus problemas económicos y sobre todo defender y difundir la problemática del manglar, por ello el Turismo Comunitario, los procesos de repoblamiento de concha son medios para mejorar su condiciones, mantener sus tradiciones y sobre todo defender su entorno natural.

 

Doña Gladis Cortés, del Grupo Virgen de las Lajas de la comunidad de Bolívar

 

Con voz fuerte, aunque a momentos quebrada dice: ”Para nosotros los usuarios, el que nos devuelvan nuestro manglar es importante, ya que los empresarios un día nos robaron lo nuestro y nos dejaron sin fuente de trabajo. Seguiremos luchando hasta ver cada uno de los manglares con un verde profundo y no con temor, porque piensan que van a ser talados nuevamente. QUE cada una de mis compañeras no vuelvan a tener miedo, por el ladrar de los perros, o por los cartuchos cayendo en la canoa, disparados por los guardianes de la camaroneras, QUE mi esposo y mi hijo tengan la libertad de trabajar como lo hacían antes, que cada uno de nosotros al terminar la jornada de trabajo podamos bañarnos en el río sin pensar que esté contaminado por la cantidad de químicos que arrojan de las piscina, como el carate o el barbasco”

 

Esta historia de valentía no termina aquí, seguiremos en la lucha …

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