26 de julio: Día Internacional de la Defensa del Ecosistema Manglar
“Memoria, lucha y vida de los pueblos del mar y del manglar”
El 26 de julio no es una fecha cualquiera.
Es un día tejido con dolor, dignidad y resistencia.
Es el día en que los pueblos del manglar y del mar levantan la voz para recordar al mundo que estos territorios no son “recursos”, sino espacios de vida, de cultura, de alimento y de historia.
Esta fecha nace de una memoria viva.
En 1998, en la isla de Muisne, en Ecuador, FUNDECOL, comunidades del manglar, pueblos ancestrales, organizaciones ecologistas y ambientalistas, junto a aliados como Greenpeace y la naciente Redmanglar Internacional, declaramos este día como el Día de la Defensa del Ecosistema Manglar.
No fue un acto simbólico vacío: fue un acto de liberación.
Por primera vez, un manglar secuestrado por la industria camaronera fue recuperado por su pueblo.
Esa piscina camaronera volvió a la vida mediante la reforestación, como un gesto profundo de dignidad y esperanza.
Pero también fue un día marcado por el dolor y la memoria.
Ese 26 de julio falleció Hai Hao Nanoto, defensor del manglar y tripulante del barco “Rainbow Warrior” de Greenpeace.
Su vida, entregada a la defensa de la naturaleza y de los pueblos, queda sembrada para siempre en ese territorio liberado.
Su partida se convierte en semilla, en compromiso colectivo y en símbolo de que la defensa del manglar es también una defensa de la vida hasta las últimas consecuencias.
En ese mismo proceso se fortalecen caminos organizativos que darían lugar a la creación de la Coordinadora Nacional para la Defensa del Ecosistema Manglar (CCONDEM), y se levantan demandas claras y vigentes hasta hoy: la veda permanente a la tala de manglares en Ecuador, el reconocimiento de los derechos de los pueblos del manglar y el pago de la deuda ecológica, social y cultural acumulada por siglos de despojo.
Años más tarde, esta voz de los territorios cruza fronteras y la UNESCO acoge la propuesta de los pueblos del manglar, presentada por la Redmanglar Internacional, reconociendo el 26 de julio como un día de relevancia mundial para la defensa de estos ecosistemas.
Así, lo que nació desde el barro, desde las raíces y desde la lucha local se convierte en una causa global.
Para nuestros pueblos, el manglar no es un paisaje: es un ecosistema marino, un maritorio de vida. Es el lugar donde se entrelazan el agua dulce y el agua salada, donde nacen los peces, cangrejos y conchas; donde se sostiene la soberanía alimentaria y habitan saberes ancestrales transmitidos de generación en generación.
Es también un espacio de trabajo digno para mujeres recolectoras, pescadores artesanales, concheras y cangrejeros, que han cuidado estos ecosistemas mucho antes de que existieran las políticas de conservación.
Sin embargo, estos ecosistemas marinos, o maritorios, han sido históricamente amenazados y destruidos.
La expansión de la industria camaronera, la urbanización desordenada y las falsas soluciones de la llamada “economía azul” han significado la destrucción de vastas extensiones de manglar en el mundo.
En países como Ecuador, se ha perdido más del 80% de estos ecosistemas, afectando gravemente la vida de las comunidades.
Frente a ello, los pueblos no han sido víctimas pasivas.
Han resistido, se han organizado y han propuesto caminos.
Han defendido sus derechos colectivos, han recuperado territorios, han impulsado procesos de restauración socioecológica y han demostrado que otra relación con la naturaleza es posible: una basada en el cuidado, la reciprocidad y la vida comunitaria.
El 26 de julio es, entonces, un día para reafirmar esa lucha.
Es un llamado a reconocer que la crisis climática no se resolverá sin los pueblos del manglar y del mar.
Es un recordatorio de que la defensa de estos ecosistemas es también la defensa del agua, del clima, de la biodiversidad y de la humanidad misma.
Para los pueblos del manglar y del mar, este día es también una afirmación política: exigimos el respeto a nuestros maritorios y territorios, a nuestros derechos consuetudinarios, a la consulta libre, previa e informada y al consentimiento.
Exigimos el fin de la destrucción y la impunidad.
Exigimos justicia y que se reconozca nuestro rol como guardianes históricos de estos ecosistemas.
Pero, sobre todo, el 26 de julio es una celebración de la vida que resiste: de los cantos, del tambor, de la guitarra, de la marimba, de la gastronomía y de la memoria viva que habita en cada estero, en cada raíz de mangle, en cada historia compartida.
Desde nuestros territorios marino-costeros, desde nuestros maritorios, seguimos diciendo con fuerza:
“Sin manglar no hay vida, y sin pueblos no hay manglar.
”
Porque defender el manglar es defender el futuro.